viernes, 2 diciembre 2022
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Lauren Sevillano

«Migrantes» por Lauren Sevillano

En la firma invitada, Lauren Sevillano, comenta que «no podemos olvidar que vivimos en mundo globalizado en el que todos debemos convivir y como tal debemos ayudarnos»

COPE Peñaranda
COPE Peñaranda
«Migrantes» por Lauren Sevillano
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Millones de personas en nuestro mundo se ven obligadas cada día a dejar su tierra, familia y cultura por diferentes motivos siempre injustificables. Muchos seres humanos no ven reconocida su dignidad ni se respetan sus derechos fundamentales, incluido el derecho a la vida o a la libertad. Para muchos el último recuerdo de su tierra son disparos, su casa en llamas y cientos de muertos en las calles. Familias rotas, desaparecidos, el hambre, la sed, el frio y mucho miedo dibujan el drama que cada día viven y padecen muchos de nuestros semejantes.

Son intolerables los comentarios de algunos poderes públicos que deliberadamente trasladan a la opinión pública envueltos en prejuicios y odio y que terminan culpabilizando a estos desterrados de su propia desgracia. No podemos olvidar que vivimos en mundo globalizado en el que todos debemos convivir y como tal debemos ayudarnos. Reconociendo también el gran potencial que supone la inmigración para muchos países donde no nacen niños ni se ocupan los trabajos más duros y penosos. Ofenden a la mínima sensibilidad algunos comentarios lanzados desde la comodidad y el bienestar inmerecido que expresa xenofobia y rechaza el diferente y que en algunas ocasiones se traducen en aptitudes agresivas.

La falta de información y de formación unida muchas veces a intereses nacionalistas y económicos hace que no vivamos este problema como un verdadero drama humano. Debemos acercarnos a esta realidad de los migrantes sin recelos para dejarnos interpelar. Es verdad que debemos exigir una inmigración ordenada y regulada pero tampoco podemos pasar indiferentes ante el sufrimiento humano. Para el Papa Francisco la exclusión de los migrantes es repugnante y pecaminosa y recuerda que ellos contribuyen a enriquecer a otros pueblos a nivel social, económico, cultural y espiritual.

¡Buenos días para todos!

Lauren Sevillano

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Comentarios
  • «Sin verdad, la caridad se queda en mero sentimentalismo» Benedicto XVI.

    ¡Vaya aportación la del Sr. Sevillano!
    El autor pontifica sobre la sensibilidad para con los inmigrantes ilegales extranjeros pero con el mazo dando, inmisericorde, a quienes no están de acuerdo con la gestión actual de la inmigración en España. Para estos, ninguna sensibilidad ni comprensión; juicio sumario sin eximentes.

    Mire, Lauren, dramatizar con simplezas groseras y disfrazar la realidad ocultando la complejidad de un fenómeno como el de la inmigración ilegal, obviando las consecuencias dañinas para la sociedad que la sufre, es manipular.
    La caridad es una virtud que hay que cultivar, sin duda, pero expresarla en abstracto a través de lugares comunes es demagógico y manipulador cuando no se tienen en cuenta factores imprescindibles para que esa caridad no se convierta en un sentimentalismo pueril. Porque este sentimentalismo, a largo plazo, no solo no ayuda, sino que, entre otras cosas, deteriora la convivencia y genera problemas sociales graves, como se puede constatar cada día.

    ¿Tú dejas entrar a tu casa a cualquiera sin saber quién es?
    ¿Crees que tus derechos te han venido llovidos del cielo o no sabes que hay generaciones anteriores que se han sacrificado hasta el extremo para que ahora tú quieras entregar sin más el fruto de su sacrificio?
    ¿Conoces algo sobre el papel del factor racial y tribal en el atraso de los países del continente africano?
    ¿Conoces los requisitos que debe cumplir un europeo para entrar -y no digamos trabajar- en la mayoría de países africanos?
    ¿Crees que es compatible la convivencia razonable con cientos de miles de personas de culturas que están a años luz de asimilar el concepto universal de los DDHH, a los que tanto contribuyó por cierto el pensamiento de la Escuela de Salamanca?
    ¿Has leído estadísticas y estudios sobre los modelos de gestión y el resultado de la ayuda occidental a países africanos desde sus independencias en los años 60 del S.XX?
    Etc.

    No es cuestión de bondad o maldad, es cuestión de pensar cómo podemos ser más eficientes y justos en la generosidad con nuestros semejantes, y muchos españoles pensamos que abrir nuestras puertas sin control no es una buena idea. Dar sin criterio y sin exigencia es, en el mejor de los casos, premiar la pereza del que da y del que recibe. Es un acto de paternalismo que considera al otro como mero depositario de mi bondad sin tener en cuenta el concepto de responsabilidad, ni el coste para muchas personas a las que se les acosa a impuestos y obligaciones hasta llegar a su límite. Hay personas que no han hecho más que cumplir las normas y trabajar toda su vida y hoy se ven exprimidas y agobiadas para pagar los platos rotos de la pésima gestión de la economía de otros países o para justificar ingenierías sociales ajenas a su realidad y necesidades.
    Yo no quiero que decenas de miles de personas que no sé quienes son, ni cuál ha sido realmente su vida, ni cuál es su capacidad de adaptación a mi sociedad, ni cómo van a responder en mi ecosistema cultural, y de las que no sé sus intenciones, entren repentinamente en mi país, a sentarse en mi mesa que, con tanto esfuerzo, y sangre a veces, les ha costado construir a mis padres y abuelos. Por cierto, entrada ilegal que violenta las leyes de mi país y en muchas ocasiones con violencia contra las fuerzas de seguridad a quienes les encomendamos la custodia de nuestras fronteras. Tengo todo el derecho a pensarlo y a expresarlo sin que me llames xenófobo ni me menosprecies por ello.
    Eso no es xenofobia, ni racismo, ni odio, amigo, no manipules, quienes exigimos un control mayor sobre quienes quieren convivir con nosotros o sobre la forma de ayudar a otras personas, tenemos tanto derecho a ello como tú a exigir barra libre o a promover que se ayude a quien sabes que no cumplen leyes que todos estamos obligados a cumplir.
    Lo que realmente genera odio es estigmatizar a tus compatriotas que no quieren que se subvencione y proteja a pandillas de menas marroquíes que campan a sus anchas con toda su prepotencia y victimismo, o que radicales musulmanes acoten tu barrio de toda la vida para imponer su sharía radical y liberticida, o que haya familias enteras que vienen a vivir del esfuerzo de los españoles sumando hijos que tú no has podido/querido tener por sentido de la responsabilidad o porque tu sueldo no te da para ello. No son todos, no, pero esto ocurre con muchísima frecuencia y lo sabes.

    No estigmatices a quienes tenemos nuestra propia opinión (bien fundada porque algunos hemos trabajado a fondo el tema, también en varios países del continente africano) con los mantras de la xenófobo, la intolerancia y todos los adjetivos que escupen los profetas del catecismo progre.
    Es evidente que en los medios de comunicación de hoy cualquiera puede expresarse siempre y cuando repique el pensamiento único obligatorio del Régimen, pero la realidad de la calle es que, excepto las personas desinformadas o los fanáticos totalitarios, (sí, los fanáticos totalitarios cuya cantidad crece como champiñones al calor de lucrativos chiringuitos), los ciudadanos normales que se dedican a trabajar y a tirar p’adelante honradamente, ven que su existencia y su economía se está deteriorando a marchas forzadas por la ingeniería social de laboratorio que papagayean gentes mediocres y sin espíritu crítico.
    Es de una total falta de respeto, compasión, caridad cristiana y sensibilidad que tratéis de marginar y señalar como apestados a ciudadanos que se parten el lomo trabajando todos los días y se las ven putas para pagar su hipoteca, mientras ven cómo su esfuerzo se destina alegremente a facilitar la vida a otras personas que ni han demostrado nada, ni sabemos quiénes son, ni nos han preguntado si nos parece bien ayudarles, cuando mi prioridad es dar de comer a los míos y me cuesta cada día más sin que nadie me ayude.

    Lo más doloroso de todo este asunto es que, además, algunos lo hacéis al calor de una Iglesia católica de la que os estáis apropiando, vaciándola de sustancia espiritual y llenándola de politiqueo salchichero y elemental que solo beneficia, precisamente, a quienes quieren destruirla. Muchas personas católicas que llevan contribuyendo a echar una mano desde que de niños salían con la hucha del Domund a la calle todos los octubres, ven ahora cómo son insultados desde espacios de la propia Iglesia, simplemente porque expresan lo que constatan: que la llegada masiva de inmigrantes trae consigo cosas que van en una dirección indeseable, cuando menos.

    No pierdo más tiempo porque leyendo tanto maniqueísmo y simpleza en tan breve texto, dudo que tengas una mínima capacidad o voluntad de hacer autocrítica.

    Una cosa más respecto a la neolengua progre a la que la Cope ya se ha abrazado con rebozo: ¡son INMIGRANTES! Para un español, alguien que se traslada a su país es un IN-MIGRANTE, igual que muchos de nuestros antepasados que se fueron eran E-MIGRANTES. Migrantes son los animales que se desplazan por norma, con una regularidad. No le quitéis la dignidad a un ser humano que se ve obligado o desea emigrar de su país, denigrándolo como si fuese un animal sin voluntad que va y viene cada año con las estaciones.

    PD. COPE: Poco a poco habéis conseguido que muchos seguidores de toda la vida, yo al menos, dejemos de seguir a la que fue nuestra emisora de referencia. Adiós.

    11 noviembre 2022

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